Concreto Cero Emisiones: Mitos y realidades
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Luis Cantero

Ing. Civil & Lic. en Física
Responsable de la Nota

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El concreto es uno de los materiales más utilizados en la construcción en todo el mundo, y su producción y uso son responsables de una gran cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, en los últimos años, ha surgido una nueva tendencia en la industria de la construcción: el concreto «cero emisiones».

Esta nueva tendencia busca reducir o incluso eliminar por completo las emisiones de CO2 en la producción de concreto, lo que podría tener un gran impacto en la reducción de la huella de carbono de la construcción. Aunque esta es una meta loable, hay que tener en cuenta que la materia prima del concreto se extrae directamente de la naturaleza, y la extracción de estos materiales puede tener un gran impacto ambiental.

Por ejemplo, la extracción de arena y grava puede causar la degradación del suelo, la pérdida de hábitats naturales y la contaminación del agua. Además, la producción de concreto es una actividad intensiva en energía y sigue siendo una fuente importante de emisiones de CO2.

A pesar de estos desafíos, la industria del concreto está trabajando para desarrollar nuevas tecnologías y procesos para reducir las emisiones de CO2. Una de las principales formas en que se está abordando este problema es mediante la captura y almacenamiento de carbono.

La captura y almacenamiento de carbono, o CCS por sus siglas en inglés, es una tecnología que permite capturar el CO2 generado durante la producción de concreto y almacenarlo bajo tierra. Si se implementa a gran escala, esta tecnología podría reducir significativamente las emisiones de CO2 de la producción de concreto.

Sin embargo, almacenar el dióxido de carbono generado durante la producción de concreto bajo tierra mediante la tecnología CCS, aunque podría reducir las emisiones de CO2, también puede presentar desafíos de contaminación si el CO2 escapa del almacenamiento subterráneo.

Por ejemplo, si el CO2 se filtra a través de las rocas sedimentarias que lo albergan, podría acidificar los acuíferos subterráneos y afectar negativamente la calidad del agua. Además, la construcción de infraestructuras de almacenamiento subterráneo de CO2 puede tener impactos ambientales significativos, incluida la eliminación de la vegetación, la alteración del paisaje y la posible interrupción de los hábitats naturales.

Por lo tanto, si bien la tecnología CCS puede ayudar a reducir las emisiones de CO2 de la producción de concreto, es importante evaluar cuidadosamente los riesgos ambientales y sociales asociados con su implementación y asegurar que se tomen medidas para mitigarlos.

Además de la CCS, se están explorando otras tecnologías para reducir las emisiones de CO2, como el uso de materiales alternativos en la producción de concreto. Por ejemplo, se ha investigado el uso de ceniza volante y escoria como sustitutos del cemento en la producción de concreto. Estos materiales son subproductos de la quema de carbón y acero, respectivamente, y pueden reducir significativamente las emisiones de CO2 asociadas con la producción de concreto.

Otra forma en que la industria del concreto está reduciendo su huella de carbono es mediante el uso de energías renovables en el proceso de producción. La energía renovable, como la energía eólica y solar, puede ayudar a reducir las emisiones de CO2 asociadas con la producción de concreto. También se está investigando la posibilidad de utilizar biocombustibles en el proceso de producción de concreto para reducir las emisiones de CO2. Los biocombustibles son combustibles producidos a partir de biomasa, como residuos agrícolas y forestales, que pueden ser una fuente de energía renovable y más sostenible que los combustibles fósiles.

A pesar de estos avances, es importante ser críticos y no dejarnos llevar por campañas publicitarias engañosas que promueven el «concreto cero emisiones» como la solución definitiva para reducir la huella de carbono de la construcción. Debemos tener en cuenta que la producción de concreto sigue siendo una actividad intensiva en energía y materiales, y es importante buscar alternativas más sostenibles en la construcción y reducir nuestro consumo de materiales como el concreto en la medida de lo posible. Hay que tener en cuenta que reducir las emisiones de CO2 en la producción de concreto es solo una parte de la solución. También es necesario abordar otros impactos ambientales y sociales asociados con la producción y uso del concreto, como la extracción de materias primas, la degradación del suelo, la contaminación del aire y el agua, y el impacto en las comunidades locales.

En resumen, aunque la industria del concreto está haciendo esfuerzos para reducir sus emisiones de CO2, es importante seguir buscando alternativas más sostenibles en la construcción. Además, es fundamental que tengamos en cuenta el enfoque integral de la construcción sostenible, que no solo considera los impactos ambientales, sino también los sociales y económicos de los materiales y procesos utilizados en la construcción. Por lo tanto, debemos seguir explorando soluciones más sostenibles y reducir nuestro consumo de materiales como el concreto en la medida de lo posible para lograr una construcción más sostenible en el futuro.

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